
El lince ibérico se ha restringido históricamente a la península ibérica, donde era abundante y a Francia meridional. En el pleistoceno la península fue evidentemente un refugio para el conejo, y hoy la raza que ocupa esta área es solamente la mitad de la talla de sus congéneres de centroeuropa. La Península Ibérica es la única parte de la región paleártica que posee una relativamente alta densidad de lagomorfos (conejos), similar a la encontrada en Norteamérica, donde hay espacio para dos especies de linces cazadores de lagomorfos: el bobcat o lince rojo (Lynx rufus) y el lince canadiense (Lynx canadensis).
El lince ibérico se declaró especie protegida en 1966 y es la única especie de felino alineado en la categoría 1 de la lista roja de la IUCN. El efectivo total del lince ibérico, incluyendo subadultos pero no las crías, no excedía probablemente de 1,200 a principios de los años 1990, con solamente cerca de 350 hembras reproductoras. La población se ha visto reducida en los últimos 10 años en más de un 50%. De las 31 zonas en las que habitaba el lince en 1960, solamente quedan linces en 8. La evolución de la distribución de la especie ha sido claramente regresiva. Sólo en puntos muy concretos parece que la especie se ha mantenido en buen estado.
El lince ha ido perdiendo territorio debido generalmente a las infraestructuras humanas, y por tanto las poblaciones se han ido separando paulatinamente unas de otras hasta llegar a estar totalmente incomunicadas, fragmentadas y aisladas por barreras de distintos tipos que impiden el intercambio genético entre poblaciones. Éste es un ejemplo más claro de fragmentación de área y uno de los problemas actuales más importantes para la conservación de la especie.
Además de la incomunicación de las poblaciones, se enfrenta a otros problemas, como los siguientes:
* El descenso de las poblaciones de conejo por enfermedades como la mixomatosis o la neumonía hemorragicovírica.
* La pérdida de su hábitat, típicamente de zonas de cobertura vegetal densa y baja densidad humana, a la que han afectado también las repoblaciones con especies de crecimiento rápido (pino y eucalipto) que son incompatibles por razones de alopatía con el desarrollo del de matorral, así como la ganadería intensiva, con la consiguiente sobreexplotación del estrato herbáceo, que limita a su vez las poblaciones de conejos.
* La caza indirecta y los métodos no selectivos de caza, como los cepos y lazos.
Solamente de la población del sur de España, que consiste en tres subpoblaciones, se cree que es viable, estando compuesta por unos cientos de linces. Los efectivos de las subpoblaciones restantes se reparten en pequeños núcleos, difícilmente viables, de unas decenas de individuos.